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Jorge V., Residencia
Cuando era joven Jorge V. juró que nunca se enviciaría con las drogas o el alcohol. Había visto los efectos de la bebida y el consumo de drogas en su padrastro, quien era un alcohólico, y la idea le repugnaba. Mientras muchos jóvenes de su edad participaban en pandillas y actividades delictivas, Jorge se mantuvo activo en el club local de niños y niñas jóvenes y se dedicó a labores de servicio comunitario, ofreciendo sus servicios voluntarios como Hermano mayor para jóvenes locales.
Tras completar la escuela secundaria Jorge se matriculó en la Universidad de Illinois en Chicago, y allí el problema que había hecho tantos esfuerzos por evitar finalmente lo alcanzó. Se inscribió en una logia estudiantil y comenzó a beber muchísimo con muchos de sus nuevos amigos. Pero gradualmente Jorge comenzó a darse cuenta de que la forma en que él bebía era distinta a la de sus compañeros de clase. Explica que “a medida que maduraban lo fueron superando. Yo no lo superé”.
Jorge se retiró de la universidad tras su segundo año como estudiante; se había convertido en padre y quería darle sustento a su hijo recién nacido. Pronto ascendió al cargo de gerente en el almacén donde obtuvo empleo, pero todavía sentía que se estaba “quedando atrás”. Su problema de bebida aumentó; bebía con más frecuencia y dejó de ir a bares o encuentros sociales. “Me estaba auto-medicando”.
La madre de los hijos de Jorge se separó de él al no poder continuar tolerando su bebida, pero Jorge siguió prestando apoyo económico a su familia. Comenzó a trabajar en la industria de la construcción, donde progresó rápidamente. Sin embargo, a pesar de su éxito laboral y lo que él describe como “períodos de abstinencia” que duraban incluso hasta seis meses, el abuso del alcohol por parte de Jorge se hizo cada vez más severo. Dice que al mirar hacia atrás reconoce varios “defectos de personalidad” – cólera, perfeccionismo, tendencia a la autocrítica – que hacían imposible una verdadera recuperación.
Su bebida también comenzaba a tener consecuencias. Sus borracheras podían durar hasta dos semanas: “Yo solía estar fuera de la tienda de licores a las 7:00 a.m., esperando que abriera”. Se encontró en situaciones peligrosas, durmiendo sobre bancos en el parque o cruzando calles llenas de vehículos que iban en dirección contraria. Acumuló dos citaciones por manejar bajo la influencia del alcohol. Además, los efectos físicos de su consumo de alcohol se estaban agravando: fue hospitalizado varias veces con síntomas de pancreatitis aguda.
Cuando Jorge finalmente reconoció que tenía que dejar de beber, pidió ingresar a la Residencia de HAS tras completar su tratamiento. Dice que “en realidad les rogué que me dejaran entrar”. Jorge supo acerca del programa por referencia de un amigo, un ex-participante que logró recuperarse exitosamente y recomendó el programa a otros hombres de habla española que querían dejar de beber. Jorge afirma que “realmente necesitaba escapar de asuntos mundanos por un tiempo y trabajar para mi propio bien. El programa me calzaba bien”.
Jorge dice que en la Residencia pudo examinar las causas profundas de su impulso de beber de una manera que nunca había logrado antes. Confiesa que “tenía que examinar mis resentimientos, mi propia rabia. Ha sido un refugio, un lugar para recomponerme y meditar sobre quién soy”. Jorge cree que una de las fortalezas importantes del programa es su enfoque integral. Aborda la calidad de vida de los residentes en su conjunto, ofreciendo capacitación en una variedad de temas que van desde nutrición hasta elaboración de presupuestos, “todos los instrumentos que necesitamos, no solo para mantenernos sobrios, sino también para poder vivir bien”.
Siente también que le ha beneficiado la oportunidad de trabajar en colaboración estrecha con los demás residentes, así como el enfoque culturalmente apropiado adoptado por HAS. “Veo a las personas entrar aquí y la forma en que logran crecer. Puede observarse cómo se les prende el bombillo cuando entienden algo nuevo. Superan su machismo y quieren cambiar.”
A Jorge le llama mucho la atención el enfoque Conductual Cognoscitivo aplicado en HAS y está estudiando la teoría por su cuenta. Actualmente evalúa la posibilidad de volver a la universidad y terminar sus estudios para obtener el título de psicólogo de la orientación. También espera volver a participar en labores de trabajo de voluntario, ofreciendo su experticia en materia de construcción para trabajar con la organización Hábitat para la Humanidad. Pero mientras tanto piensa sacarle el mayor provecho posible a su tiempo en la Residencia antes de pasar a las etapas siguientes: Programa de Vivienda de Transición de HAS y terapia ambulatoria. Jorge declara que “actualmente tengo todo lo que necesito. Estoy en donde necesito estar”.




